viernes 6 de mayo de 2011

Factor Humano y Tecnologías de la Información

Prof. Guillermo Ruiz Guevara *

Recientemente, un vecino con el que compartimos una lista de interés, envío un artículo relacionado al Factor Humano, término que hace unos quince años fue propuesto por la Organización Internacional para el Trabajo (OIT) para reemplazar la acepción “recurso humano”. El propósito de este cambio es para distinguir al hombre de la máquina, del mueble o del dinero; para desmaterializar la visión de quienes ven en el ser humano una especie de “pieza que produce”.

El vecino: Percy Weiss; el articulista: Sergio Borasino; el medio: Semana Económica; el título del artículo: “Factor Humano”. Lugar donde se publicó la historia: libro “Usted SA”, de Inés Temple, presidente de DBM Perú y Chile.

En las palabras del acucioso vecino: “a continuación una historia que personalmente encontré como una manera directa pero divertida de inspirar a mi equipo de trabajo”.

Naranjas para el personal 
José trabajaba en una empresa desde hace dos años. Siempre fue muy serio, dedicado y cumplidor de sus obligaciones. Llegaba puntual y estaba orgulloso que en dos años nunca había recibido una amonestación. Cierto día buscó al gerente para hacerle un reclamo:

- Señor, trabajo en la empresa hace dos años con bastante esmero y estoy a gusto con mi puesto, pero siento que he sido postergado. Mire, Fernando ingresó a un puesto igual al mío hace sólo 6 meses y ya ha sido promovido a supervisor.
- ¡Uhmm! - mostrando preocupación - exclama el gerente. Mientras resolvemos esto, quisiera pedirte que me ayudes a resolver un problema. Quiero dar fruta al personal para la sobremesa del almuerzo de hoy. En la bodega de la esquina venden fruta. Por favor, averigua si tienen naranjas.

José se esmeró en cumplir con el encargo y en cinco minutos estaba de vuelta.
- Bueno, José, ¿Qué averiguaste?
- Señor, tienen naranjas para la venta.
- ¿Y cuánto cuestan?
- ¡Ah!... No pregunté por eso.
- Ok, pero, ¿Viste si tenían suficientes naranjas para todo el personal? (preguntaba seriamente).
- Tampoco pregunté por eso, señor.
- ¿Hay alguna fruta que pueda sustituir a la naranja?
- No sé, señor, pero creo...
- Bueno, siéntate un momento.

El gerente tomó el teléfono y mandó llamar a Fernando.
Cuando se presentó, le dio las mismas instrucciones que le diera a José y en 10 minutos estaba de vuelta.

Cuando retornó, el gerente le pregunta:
- Bien, Fernando, ¿Qué noticias me tienes?
- Señor, tienen naranjas, lo suficiente para atender a todo el personal, y si prefiere, también tienen plátano, papaya, melón y mango. La naranja está a 1,5 pesos el kilo, el plátano a 2,2, el mango a 0,9 el kilo, la papaya y el melón a 2,8 pesos el kilo. Me dicen que si la compra es por cantidad, nos darán un descuento del 8%. He dejado separada la naranja, pero si usted escoge otra fruta debo regresar para confirmar el pedido.
- Muchas gracias, Fernando, pero espera un momento…

Se dirige a José, que aún seguía esperando estupefacto, y le dice:
- José, ¿Qué me decías?
- Nada, señor, eso es todo, muchísimas gracias, con su permiso.

(Aquí concluye la interesante lectura enviada, ver más en: http://blogs.semanaeconomica.com/blogs/factor-humano/posts/extracto-de-usted-s-a-libro-de-ines-temple-de-dbm#ixzz1Kde8VfQg).

El perfil que hoy prevalece
Como se notará, el perfil actitudinal de José y el de Fernando son diferentes. Uno es pasivo y desidioso, el otro activo y cuidadoso; uno es contractivo, el otro es proactivo. Por supuesto que las empresas requieren de individuos como el que representa Fernando; claro que los países anhelan tener sólo a “Fernandos”.

El relato permite ejemplificar la eficacia laboral como característica, en Fernando.

Sin embargo, en la época actual es más fácil encontrar a los “Josés”; ellos abundan.

Antes, en los tiempos de la pelota de trapo en la calle o de la cuero en el parque o de la canga o de la pega o de las chapitas o de las chicas con los yases o la soga, en ese entonces, todos ejercitaban su estructura mental para la acción, para construir soluciones prácticas ante la falta de un elemento de juego; la imaginación ayudaba a encontrar los trapos viejos o los palos de las escobas en desuso; se azuzaba el emprendimiento.

Hoy, en lugar de pelota de trapo, abundan las de plástico, fáciles de conseguir; en la actualidad, el esfuerzo físico se han suplantado por el play station, por la pasividad corporal, bastando con mover los dedos y los ojos, en una suerte de ejercicio óculo-manual, continuo y extremo. La falta de acción no sólo deteriora el desarrollo motriz, sino que impide el mejor desarrollo neuronal.

La computadora en la escuela “no ayuda, acaso poco o entorpece”
La inmovilización motriz de los educandos, durante horas de entretenimiento frente a la computadora o el play sation, sea para buscar información, procesar una asignación o divertirse; y el reemplazo de los juegos infantiles de esfuerzo físico – ahora en extinción - está perjudicando su mejor desarrollo neuronal – intelectual – aptitudinal - actitudinal.

En esta circunstancia, la electrónica digital, a través de la computadora o equipos digitales de juego, no ayuda. Pero el problema no es el equipo, es el profesor no preparado para orientar la actividad del educando y lograr el aprovechamiento que haga de tal equipo un recurso didáctico realmente útil.

Y estos equipos ayudan poco porque su empleo es, mayoritariamente, para buscar información, solamente. Y en esto los estudiantes logran habilidad “buceadora”, que no es habilidad de búsqueda estructurada. La primera se refiere al uso del motor de búsqueda del software; la segunda es la habilidad intelectual para organizar y clasificar, operaciones mentales que no se activan por dejar que la computadora haga el proceso. Esto ayuda a pensar menos; y eso se comprueba en las aulas universitarias, donde los estudiantes llegan con escasa o nula disponibilidad para indagar, menos para investigar.

Entonces, los equipos mal empleados están entorpeciendo el proceso educativo, cuando su inserción en las aulas fue justamente para lo contrario. Este proceso incluye, hoy en día, varios aspectos del individuo: el intelectual, el emocional, el cognitivo. El acto formativo debe orientarse a éstos, además del desarrollo físico.

Y la computadora debiera ser un aliado para este fin. Pero ni las facultades de Educación enseñan a hacerlo ni los Ministerios de Educación se han percatado ni las escuelas lo hacen. Ah, pero desde 1984, en el caso peruano, se han invertido más de 200 millones de dólares en computadoras, Internet y equipos complementarios; sin incluir el dinero que el gobierno peruano destinó al proyecto de computadoras XO, del programa OLPC impulsado por Negroponte, en los últimos años.

Curiosamente, en proporción, tenemos muchas más computadoras en las escuelas de formación de base que en escuelas de Chile, Argentina, Colombia, Estados Unidos o Alemania, entre otros. Esos mismos países nos ganan largamente en laboratorios de física, química o biología para el mismo nivel; y nos superan también en computadoras y laboratorios de ciencias en Educación Superior.

La incidencia en el mercado laboral
El mercado laboral exige mentes como los “Fernandos” del relato citado, pero las escuelas no proveen de tal insumo en capital humano, simplemente porque están congeladas, focalizadas y absorbidas en maratones de contenidos que los estudiantes deben asimilar como si la acumulación de datos fuese lo más importante, desfasados de lo que el país requiere. Y, para colmo, desaprovechando las computadoras que poseen.

En cualquier empresa contemporánea, lo primero que evalúan con una prueba psicotécnica es el nivel de desarrollo intelectual; luego, si aprueban la primera, el desarrollo emocional; y, finalmente, los conocimientos, si pasaron la anterior. De estas pruebas, la escuela básica no prepara para ninguna y los profesores no saben como hacerlo. Pues, en lo que se refiere a conocimientos, ya sabemos que están mal aprendidos y con relación a los otros, el intelectual y el emocional, nos son preparados ni medianamente en las facultades de Educación para ese fin.

En Perú, debemos tomar un tiempo de nuestra historia para formar al profesor que necesitamos. Sí y sólo sí se cumple con esta condición es que podremos realizar una revolución educativa de verdad.

Las posiciones laborales reclaman sujetos competitivos, proactivos, creativos, comunicativos, solidarios; ninguna de estas cualidades se compra en una farmacia y ninguna de éstas se forma o es educable en el adulto; en todos los casos, se forman en la primera infancia, se fortalecen en la adolescencia y se aprovechan en la adultez.

Las empresas de hoy, por añadidura, para que compitan con éxito, requieren que su factor humano posea la competencia digital (http://www.setinedic.edu.pe/articulos2.htm), para explotar la información del mercado y prevalecer en este. Esta competencia no la ofrecen las escuelas, quienes presumen que enseñando ofimática ya lo hicieron todo.

Consultor en Informática y Sistemas Aplicados a la Educación y en Políticas de Desarrollo
gjruizg@mixmail.com